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jueves 12 de enero de 2012

Nace 'Pues vaya vida', nuevo blog de la casa

Queridos amigos, parece que la tan ansiada extinción no acaba de llegar nunca, así que, mientras el meteorito de la cabecera acaba de una vez por todas con este planeta —y, de paso, con cualquier rastro de la especie humana—, he decidido abrir un nuevo blog, que se une así al resto de sus webs hermanas (Pues vaya mundo, Pues vaya tele, Pues vaya libro friki y mi cuenta de Twitter).

Hoy os presento Pues vaya vida.

En este nuevo blog no queria estar solo, así que he realizado un fichaje de lujo, el genial Clark Kent, autor de blogs como Dicen que no hablo, Número de cómic y Pequeños Monstruos y de webs como SoyBlue BBVA o DolceCity Madrid, entre otras.

¿Y de qué va Pues vaya vida? Según consta en la cabecera, se hablará "sobre la vida y el amor". O sea, de todo aquello de lo que no hablo en este blog.

De momento, os dejo con la primera entrada del blog, publicada por Clark Kent, a modo de declaración de intenciones.

Espero que la aventura tenga un largo recorrido.

Y eso es todo, amigos. Un saludo.

lunes 12 de diciembre de 2011

La hora de afilar la guillotina

Según un reciente informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las desigualdades de ingresos en los países pertenecientes a dicha organización están al máximo nivel en décadas. Como bien reza el titular de este magnífico artículo (de lectura obligatoria), los ricos cada vez son más ricos, mientras los pobres cada vez son más pobres.

En un interesantísimo artículo (también de lectura más que obligatoria), J. Bradford DeLong, ex secretario adjunto del Tesoro de Estados Unidos y profesor de Economía en la Universidad de California, Berkeley, hace un análisis sobre un estudio publicado por dos prestigiosísimos economistas (uno de ellos, Peter Diamond, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2010) en el que se propone que el tipo marginal que las sociedades económicamente más desarrolladas deben imponer a sus ciudadanos superricos en el impuesto sobre la renta es del 70%. Al menos, así se conseguiría reducir esa brecha entre clases y, a la vez, y sobre todo, aumentaría el bienestar de los más pobres.

El problema reside en que quienes tendrían que aplicar esa subida de impuestos, los políticos, trabajan precisamente bajo el mandato de aquellos a los que afectaría ese incremento impositivo, los ricos y superricos, entre quienes se encuentran los más dañinos para el conjunto de la sociedad, los banqueros.

Y ahí tenemos el origen de tanta desigualdad: los políticos siempre han trabajado, trabajan y  trabajarán al servicio de los poderosos, de los que controlan el capital. Y estos seguirán amasando una fortuna cada vez mayor a costa de pisotear a todos los demás.

Los de arriba aplastando a los de abajo. Sin piedad. Todo solo por tener más y más. Ganar más dinero para tener más dinero para ganar más dinero para tener más dinero… Y así, en un círculo absurdo sin fin.

Paul Krugman, profesor de Economía en Princeton y galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2008, reflexiona —en un excelente artículo— acerca de la oposición entre el 0,1% de la población (los superricos) y el 99,9% restante. En el último párrafo de ese texto (de lectura imprescindible) se puede leer esto: "¿Debería el 99,9% odiar al 0,1%? No, ni mucho menos".

Es lo único en lo que difiero de él. ¿Cómo que no hay que sentir odio por aquellos que controlan el mundo a su antojo, aplastando a miles de millones de personas, para aumentar más aún su ya infinita riqueza? ¿Cómo que no hay que odiar también a los políticos que nos gobiernan, que son los responsables de que el mundo esté como está?

Algunos ya están canalizando ese odio. Y todo parece indicar que la cosa no ha hecho más que empezar.

Quizás haya llegado el momento de volver a afilar las hojas de las guillotinas.

sábado 19 de noviembre de 2011

Mañana, tú decides tu futuro

Siempre que llegan unas elecciones, se dice que son importantes, que de ellas depende nuestro futuro, que no es lo mismo votar a un partido o a otro, etc… Bien, pues esta vez es verdad. Absolutamente cierto.

Mañana —permíteme que me dirija a ti, lector— tienes una gran responsabilidad. Mañana tu voto es vital para el futuro de este país. Y solo tienes dos opciones: puedes votar a los que quieren cargarse del todo nuestro ya de por sí anoréxico estado de bienestar; o bien, puedes votar a cualquier otro partido.

Puedes votar a Rajoy y a su PP, esos que van a asfixiar completamente la economía con sus políticas de austeridad ("apretarse el cinturón", lo llaman ellos), ahogando del todo la demanda de bienes y servicios, motor económico de cualquier país; los mismos que pretenden convertir el mercado laboral en un sistema de esclavitud mediante una reforma que permitirá el despido libre, con una indemnización casi simbólica; esos que están deseando eliminar completamente las prestaciones por desempleo, ese "agujero que se lleva todo el dinero"; esos que quieren liquidar la educación pública, convirtiéndola en un negocio que solo podrán permitirse unos cuantos, los más ricos, sobre todo en el nivel universitario; los mismos que quieren reducir las pensiones hasta el punto de que la jubilación se convertirá en un absoluto calvario cuando seamos mayores; y, sobre todo, esos que van a privatizar de facto la sanidad, arrasando por completo nuestro sistema de salud pública hasta convertirlo en un dispensario de cuidados paliativos, completamente saturado, sin medios humanos ni materiales, en el que el paciente tendrá que asumir íntegramente el alto coste de medicinas y tratamientos.

O bien, puedes votar a cualquier otro partido. A cualquier otro, el que sea. O puedes votar nulo.

Quizás tú pienses —ellos no paran de repetírtelo— que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", que "no podemos gastar más de lo que tenemos", que "hay que apretarse el cinturón". Pero, pregúntate esto: ¿Para qué pagas tus impuestos, o cotizas a la Seguridad Social, si, a cambio, no vas a poder disfrutar de un trabajo en condiciones sin miedo a que te despidan cuando menos te lo esperes; ni vas a tener derecho a una prestación cuando pierdas tu empleo; ni vas a poder, tú o tus hijos, recibir una educación gratuita o, en el caso del nivel universitario, relativamente asequible; ni vas a ser capaz de vivir sin excesivas preocupaciones económicas cuando llegue el momento de tu jubilación; ni, sobre todo, vas a poder recibir una asistencia sanitaria de calidad y gratuita cada vez que lo necesites, con tratamientos y medicinas gratuitas o subvencionadas?

Dime, ¿para eso estás pagando tus impuestos y cotizando a la Seguridad Social? ¿Para eso estás destinando una gran parte del precio de los bienes y servicios que adquieres en pagar el IVA? ¿Para eso vas a mantener a un Estado que no va a ocuparse de ti absolutamente para nada, salvo para seguir exprimiéndote más y más cada día, hasta aplastarte de todo, mientras trabaja únicamente al servicio de la banca y del gran capital?

Piensa todo esto muy bien mañana antes de votar. Piénsalo ahora. Reflexiona. ¿De verdad quieres vivir en un país en el que vaya a desaparecer por completo el estado de bienestar del que aún disfrutas? Mira a tu alrededor, mira lo que está ocurriendo en las comunidades en las que gobierna el PP. O fíjate en la situación en la que se encuentran aquellos países cuyos votantes también decidieron castigar a sus Gobiernos en su momento y colocar al timón a ultraliberales de derecha: mira lo que está pasando, por ejemplo, en Portugal o en Reino Unido. Fíjate bien en lo que ocurre cuando los votantes acuden cabreados a las urnas, sin pensar en las consecuencias. Piénsalo. Piénsalo bien. Reflexiona.

Déjame que te sea sincero, amigo. Si eres parado, mileurista o pensionista, y mañana vas a darle tu voto a Rajoy, perdona que te lo diga, pero eres un auténtico idiota. Y mereces todo lo que te va a pasar.

Y, si además de ser parado, mileurista o pensionista, esta es la primera vez que vas a votar al PP, o bien, —y esto es más grave— hasta ahora siempre habías votado al PSOE, entonces, y disculpa que te diga la verdad, además de un auténtico idiota, eres subnormal profundo. Y no solo te mereces todo lo que te va a pasar, sino que además me alegraré enormemente de que te ocurra. Por imbécil. Por idiota. Por subnormal.

Si quieres castigar al PSOE porque consideras (como lo hago yo) que ha abandonado su ideología socialdemócrata de centroizquierda para abrazar el neoliberalismo de derechas, vota entonces a formaciones políticas a la izquierda de aquel, como IU o Equo. Pero, bendito subnormal, ¿para huir del neoliberalismo del PSOE, de verdad te quieres refugiar en el ultraliberalismo de extrema derecha del PP? ¿De Guatemala a Guatepeor? ¿En serio?

Mañana, querido amigo, no se trata de castigar en las urnas a Zapatero por su pésima gestión. Se trata de decidir cómo quieres que sea el futuro de tu país. Tu futuro. Piénsatelo muy bien antes de castigarte, en realidad, a ti mismo y a los tuyos.

Y ahora, si me lo permites, voy a seguir disfrutando de mi día de pensar.

domingo 6 de noviembre de 2011

Dos años



Amigos, hoy este blog cumple dos añitos.

Espero que al menos cumpla otro año más. Aunque, visto lo poco que publico últimamente, no lo tengo nada claro.

Gracias a todos, especialmente a los fieles, por acompañarme mientras sigo esperando ansioso la extinción.

¡Feliz cumpleaños!

sábado 15 de octubre de 2011

15o #worldrevolution

viernes 30 de septiembre de 2011

El 20N, no les votes

Esta es la entrada más breve que he escrito hasta ahora en este blog. Pero a veces no se necesitan apenas palabras para expresar ciertas ideas.

Rescato aquí una declaración de Felipe González en una entrevista concedida ayer a Iñaki Gabilondo:

Si alguien toca la educación, la investigación y la salud, sáquenlo por la ventana.

Y yo me pregunto: ¿no sería más fácil que no les permitiéramos llegar al despacho?

El 20N, no les votes.

sábado 13 de agosto de 2011

Defraudados

El pasado martes, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) publicó los datos de la segunda parte de su informe Lucha Contra el Fraude Fiscal en la Agencia Tributaria elaborado por los técnicos de Hacienda, según los cuales —cito textualmente— las grandes fortunas y grandes empresas evadieron al fisco 42.711 millones de euros en 2010, esto es, un 71,8% del total del fraude en España, lo que además supone triplicar el fraude de pymes y autónomos.

Aunque pinchando en el enlace que tenéis en el párrafo de arriba se puede leer el texto tal cual, quiero hacer un resumen de los datos más interesantes. Como, por ejemplo, que las tres cuartas partes de la evasión fiscal se localiza en las 41.582 empresas de mayor tamaño. O que, pese a que el impuesto de sociedades es del 30% para esas grandes empresas, el tipo efectivo es realmente bastante inferior, de solo un 21,2%, es decir, que pagan un tercio menos de lo que deberían. O que las corporaciones empresariales que facturaron más de 180 millones de euros tributaron en realidad al 19,5%, 10,5 puntos menos de lo que deberían (y —esto es especialmente escandaloso— 4,5 puntos menos que las microempresas, que lo hacen al 25%).

Las pequeñas y medianas empresas, así como los autónomos, tampoco salen muy bien parados, ya que sumaron un fraude fiscal que rondó los 16.261 millones de euros. El fraude fiscal de particulares, como plusvalías, arrendamientos, rentas del trabajo o del capital, se situó alrededor de 1543 millones de euros anuales.

En resumen, el fraude fiscal total asciende, según los técnicos de Hacienda, a 59.515 millones de euros, el doble del fraude laboral, cifrado en torno a los 30.000 millones.

El comunicado termina así: "Desde hace muchos años se ha puesto la lupa sobre las rentas del trabajo, de los autónomos y de las microempresas en lugar de perseguir las grandes bolsas de fraude".

Dejemos a un lado ese demoledor informe. Y hagamos ahora una reflexión. Cuando nos quieren hacer creer que Zapatero tomó muchas de sus medidas profundamente antisociales "porque no había otra forma de reducir el déficit público", ¿nos están contando la verdad? Cuando nos aseguraron, por ejemplo, que era imprescindible congelar las pensiones para salir de la crisis, ¿no nos estarían mintiendo?

Para responder a estas preguntas, hay un dato que habla por sí solo. ¿Sabéis cuánto se ha ahorrado el Estado por la congelación de las pensiones este año? 1530 millones de euros. Es decir, nuestro Gobierno congeló las pensiones para ahorrar solo 1530 millones de euros. Si comparamos esa cifra con la del fraude fiscal —únicamente el de las grandes fortunas y empresas, que asciende, según lo arriba apuntado, a 42.711 millones de euros—, vemos que el importe ahorrado representa únicamente un 3,58% de la cantidad que el Estado podría ingresar recaudando los impuestos que no se pagan. Y sin joderles la vida a los que menos tienen, únicamente por ahorrarse el chocolate del loro.

En una entrada que escribí hace unos meses, detallé algunas de las muchas medidas que nuestro Gobierno ha tomado para reducir el déficit, entre ellas, por ejemplo, la subida del IVA, un impuesto que prácticamente no afecta a los que más tienen pero que supone un impacto considerable en el resto de la ciudadanía. Esta es la entrada de la que hablo, en la que aparecen todos los recortes sociales llevados a cabo por el actual Gobierno, y que merece la pena recordar.

Lo más triste de todo es que, con la que nos está cayendo, este inútil Gobierno únicamente se ha preocupado de reducir el déficit presupuestario, atendiendo a los destructivos dictados de Europa, con la despreciable Merkel a la cabeza. Y, mientras, ha descuidado lo más importante: reducir la disparada tasa de desempleo. Con más de cinco millones de parados, la demanda está totalmente congelada. Y, sin demanda, no hay crecimiento económico. Y, sin crecimiento, estamos condenados a permanecer durante muchos años inmersos en una crisis que, en realidad, no ha hecho más que empezar.

El 20 de noviembre tendremos la oportunidad de elegir un nuevo Gobierno. Para cuando llegue el momento de votar, tengo claras tres cosas:

1. Que Zapatero ha sido un pésimo gobernante, quizás el peor presidente que ha tenido este país (y mira que Aznar…), totalmente incapaz de hacer frente a la crisis que venimos sufriendo desde hace varios años. Y, sobre todo, ha sido un miserable cobarde que no ha tenido el valor
—o no ha querido tenerlo de enfrentarse con los poderosos, las grandes fortunas y los bancos, a la vez que se ha encargado de pisotear aún más nuestro ya de por sí maltrecho estado de bienestar.

2. Que Rubalcaba es cómplice de esas políticas antisociales. Y que, según lo que él mismo acaba de anunciar, no solo se encargaría de continuar por la senda marcada por Zapatero sino de ir aún más lejos en el hundimiento del estado de bienestar.

3. Que Rajoy, un gris y mediocre personajillo, lejos de representar la solución para este país, terminaría de enterrar nuestro deprimente estado de bienestar, tal como ya se está comprobando, por ejemplo, con las políticas llevadas a cabo en las comunidades autónomas gobernadas por el PP (algo especialmente escandaloso en el caso de Castilla-La Mancha desde que gobierna la infame Cospedal, mano derecha de Rajoy).


Puede que haya mucha gente que comparta esas dos primeras reflexiones que acabo de hacer. Pero también habrá muchísima gente que no comparta la tercera. Gente que votará a Rajoy solo para echar del Gobierno a los socialistas, sin darse cuenta de que estarán cediéndole el poder a una ralea de indeseables entregados al servicio del gran capital que acabarán de enterrarnos en la miseria. Gente de clase media y trabajadora que, inconscientemente, va a ponerse en las manos de sus peores enemigos, ultraliberales de extrema derecha que no dudarán en aplastarlos. "Tendremos el estado de bienestar que podamos permitirnos", dijo hace poco Rajoy. Tanta sinceridad da miedo. Cuando el PP, en nombre de la austeridad, empiece a aplicar sus políticas, sus siniestros planes se harán finalmente realidad. Así ocurrirá, por ejemplo, con el copago sanitario. Y del copago a la privatización de servicios esenciales del estado de bienestar, como la sanidad, habrá solo un paso. El día en que esos mismos que van a votar a Rajoy en las próximas elecciones —muchos de ellos parados, pensionistas, clase trabajadora— se den cuenta de que tienen que dejarse los cuartos para hacerse una radiografía o unos análisis, ya será demasiado tarde. Y el día que esa misma gente no tenga más remedio que vender todos sus bienes y endeudarse de por vida (la que le quede) para poder pagarse un tratamiento contra el cáncer… entonces se acordarán del instante en que decidieron suicidarse introduciendo en la urna una papeleta del Partido Popular aquel funesto domingo 20 de noviembre de 2011.

Es obvio que si yo tuviera que votar a uno de estos dos partidos, seguiría haciéndolo por el PSOE. Sí, son malos, pero es que los otros son aún peores. Los primeros representan el neoliberalismo de la derecha. El PP, el ultraliberalismo de la extrema derecha. Pero, eso sí, el 20 de noviembre que ninguno de ellos cuente con mi voto. Ni PSOE ni, por supuesto, PP.

Si todo el mundo hiciera esta misma reflexión, quizás —quién sabe— las cosas serían muy distintas y la alternancia entre PSOE y PP no representaría la única realidad política que conocemos. Pero no tengo ninguna esperanza. Desgraciadamente, tenemos la ley electoral que tenemos y, además, los medios de comunicación se encargan de seguir convenciéndonos de que el bipartidismo es necesario para el buen funcionamiento del sistema.

Rajoy tiene vía libre para convertirse en el nuevo presidente. Zapatero y su Gobierno se han encargado de ponerle a sus pies una larga alfombra hacia La Moncloa. Nos esperan cuatro años muy negros. Y no nos engañemos: Rajoy acabará haciéndonos añorar a Zapatero. Tiempo al tiempo.

sábado 30 de julio de 2011

19N, el día de pensar

Hoy es sábado, 19 de noviembre de 2011. Son las once de la mañana. Me acabo de despertar. Estoy desayunando. La tele está encendida. Veo Megaconstrucciones en laSexta —en el de hoy están liados con una autopista que cruza transversalmente Boston— sin echarle demasiada cuenta. Hojeo el catálogo del Lidl. Y el del Carrefour. Hay ofertas de tres por dos en latas de atún.

Me siento delante del ordenador. Navego por El País, Público, El Mundo, Abc, La Razón… Resumen de la campaña. Igual de aburrida que siempre, nada nuevo. Las mismas promesas. Las mismas mentiras. El oro y el moro. Rubalcaba lleva quince días repitiendo que él no es Zapatero. Ya. Él es bajo y calvo. Rajoy se ha pasado las dos últimas semanas asegurando machaconamente que él es la persona que España necesita para salir de la crisis. Eso sí, entre risillas. Hay ciertas mentiras que no se las cree ni el que las cuenta. Cayo Lara ha sido Cayo Lara. La misma pinta de jefe de sindicato de agricultores de siempre, la camisa blanca desabrochada, el discurso manido, la nula credibilidad. He acabado echando de menos a Llamazares. Los que realmente acabarán cortando al bacalao, catalanes y vascos, CIU y PNV, se han pasado medio mes pavoneándose, sabedores de que al final la sartén será suya y nos cogerán por el mango a todos los españoles. Como siempre.

Hoy toca pensar. Es el momento de reflexionar sobre lo que queremos hacer con nuestro futuro de mierda. De ello depende que los mercados dejen de jodernos vivos. O eso nos dicen. A mí me gustaba más el de Blancanieves, pero ese cuento ya no está de moda. Ahora es Caperucita. El lobo son los mercados, claro. Y no nos comerán si somos buenos y llamamos al cazador Rajoy. En el cuento original el final era una orgía y violaban a Caperucita. Pero eso lo sabe muy poca gente.

Los mercados. Ese ente. No tienen cara ni nombre. Queda feo decir que Botín y sus amigos llevan cuatro años penetrándonos hasta por las orejas. Hasta el más tonto sabe que la banca siempre gana. Mercados suena más bonito, más aséptico. Violadores, sí, pero con condón. Los salvamos de la crisis que ellos mismos crearon, pero son ellos los que ordenan y mandan. Somos sus putas y encima les ponemos la cama.

Pero hay que seguir pensando. Solo tengo este día; mañana es hora de tirar la papeleta al contenedor. Necesito tener claro quiénes recogerán la basura. Y todos sabemos que el monopolio de los residuos lo lleva una sola empresa. Dos familias, sí, pero la misma empresa. PSOE y PP. PP y PSOE. Suena la música de El padrino en mi cabeza.

Ya llevo cinco minutos pensando. Demasiado tiempo. Se acabó. Me pongo con mi novia a ver una película. Después comeremos y nos tragaremos el telefilme de las cuatro en Antena 3. Nos encanta ver esos bodrios. Luego saldremos. Cena y cine. Película americana, por supuesto. Sesión golfa. Palomitas —a ella le encantan—, refresco gigante, un toblerone, chucherías. Lo vamos a pasar muy bien.

Mañana daremos una vuelta. Al caer la tarde, tiraremos la basura. Dibujaré dos grandes penes, con testículos y todo. Y pelillos. Uno en la blanca, otro en la naranja. La fiesta de la democracia, lo llaman. Hace tiempo que dejé de reírme con ese chiste.

jueves 30 de junio de 2011

Los otros asesinos

Me gusta consultar el diccionario. Hay veces que empleamos las palabras sin saber exactamente qué estamos diciendo. Lo hacemos todos, yo el primero. Así que, antes de nada, fijemos el concepto. Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia, asesino es aquel 'que asesina'. Él étimo de esta palabra hay que buscarlo en el vocablo árabe hassasi, 'bebedor de hasis, bebida narcótica de hojas de cáñamo' (que en español evolucionaría hasta hachís). Los asesinos de entonces (siglo XI), secuaces del sectario musulmán conocido por el Viejo de la Montaña, fanatizados por su jefe y bajo los efectos del hachís, se dedicaban a ejecutar sangrientas venganzas políticas.

Lo que destaca de la etimología de esta palabra, asesino, es que los hablantes la empleaban para referirse a una clase concreta de criminales, aquellos que mataban tras consumir esa sustancia. Tomaban el hachís conscientemente, voluntariamente, preparándose para matar. Lo hacían, pues, con premeditación (premeditar es 'pensar reflexivamente algo antes de ejecutarlo' o, en el ámbito del derecho, 'proponerse de caso pensado perpetrar un delito, tomando al efecto previas disposiciones').

Según el Diccionario, en un avance de su próxima edición, el hachís es un 'estupefaciente' ('dicho de una sustancia: Que altera la sensibilidad y puede producir efectos estimulantes, deprimentes, narcóticos o alucinógenos, y cuyo uso continuado crea adicción'). Estupefaciente es, por tanto, sinónimo de una palabra más común, droga (como consta en la segunda acepción de su lema).

El hachís es, por tanto, una droga (algo que ya sabíamos todos antes de que escribiera los tres párrafos anteriores). Aquellos criminales acababan con sus víctimas, bañados de hachís, drogados premeditamente. Es decir, era la droga lo que precisamente los convertía en "asesinos". De no ir drogados, la gente no les hubiera llamado así; lo hubieran hecho de cualquier otra manera, pero era la ingesta masiva de aquella droga, del hachís, por parte de aquellos criminales lo que originó el nacimiento de la denominación. "Asesinos". Aquellos no eran unos criminales cualesquiera. Eran una clase especial de criminales.

Actualmente también existe una clase especial de criminales. También son asesinos. Y lo son porque estos también matan. Y porque también lo hacen premeditadamente. Y, sobre todo, porque también lo hacen drogados. Estos no toman hachís. Ni llevan dagas, espadas, puñales o lo que sean que llevaran aquellos asesinos del siglo XI. Los de ahora, en su lugar, llevan otras armas y se drogan con otras sustancias. Son asesinos también. Asesinos cuya arma es un coche. Asesinos cuya droga es el alcohol.

Hace un mes, esta vergüenza de país llamado España quedó conmocionada por un ya tristemente famoso asesinato. Se trata de uno de esos extraños casos en los que la gente no se muestra impresionada ni por el asesinato en sí ni por la víctima, por el asesinado. Se trata, al contrario, de una preocupación que la gente siente por el asesino. Esto ya había pasado antes en este país (no hace demasiado, de hecho, ocurrió un asesinato muy parecido), y seguirá pasando en el futuro.

El asesinato al que me refiero es el de Carlos Parra Castillo, de 48 años, casado y con dos hijos, natural de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla). Su asesino es un tipejo famoso, un hijo de la gran puta llamado José Ortega Cano. Y estos son los hechos: el asesino, Ortega Cano, tras drogarse durante toda la noche con abundante alcohol, se sentó al volante de su arma de matar, un Mercedes 320 todoterreno, y se dispuso a asesinar. Poco le importaba quién pudiera ser su víctima. Lo importante era asesinar a alguien, fuera quien fuera. Y lo hizo. El muy cabrón mató. Asesinó.

Empapado en alcohol (dos veces y media la tasa de alcohol permitida, el equivalente a seis güisquis), de noche, a toda velocidad en su lujoso coche todoterreno, buscando su objetivo, invadió el carril contrario y se llevó por delante la vida de Carlos Parra Castillo. Lo asesinó, sin piedad. Premeditadamente. Porque premeditado era emborracharse sabiendo que luego iba a conducir. Eso es lo que lo hace un asesino. Eso es lo que hace que en este caso deberíamos estar hablando de un asesinato, y no de un accidente.
Ortega Cano ha salvado su vida. Y lo único que le preocupa a este puto país es que se recupere lo antes posible y que vuelva pronto a hacer su vida normal. Su vida normal de asesino. Dentro de muy poco lo veremos. Podremos contemplar cómo sale por las puertas del hospital. La gente lo aplaudirá y vitoreará antes de bajar las escaleras. Se abrazará con los médicos y enfermeras que lo han tratado. Luego dará una rueda de prensa en la que agradecerá el apoyo y el cariño de todo el mundo. Y luego empezará un recorrido por todas las televisiones. Un Sálvame Deluxe por aquí, una Noria por allí, un DEC por allá… Concederá una larga entrevista al ¡Hola!, profusamente ilustrada… Se embolsará cientos de miles de euros, entre lágrimas y pucheritos. Se hará aún más famoso de lo que era antes de cometer su asesinato. Y, sobre todo, más rico. Y, mientras, la viuda y los hijos del asesinado llorarán a solas la muerte de su ser querido. Y no verán ni un solo duro de toda la pasta manchada de sangre que ganará el hijo de puta de su asesino.

Luego, con suerte, juzgarán al asesino. Lo acusarán de homicidio imprudente. Poca cosa. Un añito de cárcel, que ni siquiera cumplirá por carecer de antecedentes. Si acaso, trabajos para la comunidad: recogerá basura o dará de comer a unos indigentes en un comedor social, posando antes los fotógrafos y las cámaras de televisión. Y luego, con los bolsillos llenos de euros, seguirá con su vida. Su puta vida de asesino.

Ya lo sabemos, hay dos tipos de asesinos. Están los que matan, son juzgados y encerrados en las cárceles, condenados por los tribunales y también por la sociedad.

Y, luego, están los otros. Los otros asesinos. Aquellos que, completamente borrachos y conduciendo a toda velocidad, matan a sus victimas y se pasan únicamente unos meses jugando a las cartas en la cárcel. Lo triste es que, cuando uno de estos asesinos es famoso, lo más probable es que ni siquiera llegue a pisar la cárcel. Son esos asesinos, los famosos, los que, incomprensible y vergonzosamente, no son condenados ni por los tribunales ni por la sociedad. Son los otros asesinos. Como Ortega Cano, un hijo de la gran puta cuyo asesinato quedará impune y, encima, le saldrá rentable.

Ojalá, de camino a cometer su asesinato, el hijo de puta de Ortega Cano se hubiera partido los cuernos contra un árbol. Ojalá el muy cabrón se hubiera matado aquella noche antes de lograr su sangriento objetivo. Y, sobre todo, ojalá ese saco de mierda se hubiera dado cuenta de que se estaba muriendo antes de palmarla, para que se lo hubiera pensado mejor antes de lanzarse a asesinar. Pero no cayó esa breva, y, por culpa de eso, ahora una viuda y unos hijos tienen que llorar amargamente una pérdida irreparable. Ortega Cano sigue vivo. Y ni siquiera quedará el consuelo de verlo conducir otra clase de vehículo, una silla de ruedas, un arma con la que no podría volver a asesinar. Solo queda cruzar los dedos para que, cuando el muy cabrón vuelva a conducir un coche (que lo hará), esta vez sí se haga justicia con él. Justicia poética, que la llaman. O un cabrón menos en las carreteras, hablando en plata.

Actualización: Ver comentario nº 7.

sábado 21 de mayo de 2011

Democracia, simplemente

Hoy es jornada de reflexión, amigos. "Jornada de reflexión". Es un día para pensar. Han pasado cuatro años desde la última vez que votamos en unas elecciones como estas. Nuestros alcaldes y presidentes autonómicos han tenido cuatro años para gobernarnos. Cuatro largos años, con todos sus días y todas sus noches. Y hoy, mira tú por dónde, toca reflexionar, pensar, meditar.

Y yo me pregunto, ¿sobre qué tenemos que reflexionar hoy?, ¿qué es lo que se supone que tenemos que pensar hoy? ¿Por qué hoy? Cuatro años enteros, ¿y toca hoy? Yo no sé vosotros, amigos, pero yo ya lo tengo todo más que reflexionado desde hace mucho tiempo. Pero, ya puestos, voy a reflexionar ahora. Aquí. Y quiero compartirlo con vosotros, por si sirve de algo. Como mi retórica da para lo que da y poco más, dejaré que otra voz sea la que reflexione por mí. Es la voz de Tommy Douglas, político socialdemócrata canadiense del siglo pasado. Ahí tenéis el vídeo. Solo tenéis que darle al play. Eso es todo.



¿Democracia real? Democracia, simplemente.
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Un blog de Jimmy Dix
puesvayadix[arroba]gmail.com
En línea desde 06.11.2009

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'Pues vaya mundo' en los Premios 20Blogs 2011